La dieta Post-Verano
Y después del verano ¡¡¡QUÈ!!!
El verano está llegando a su fin, la realidad de la vida cotidiana se impone y cuando llegamos a casa y deshacemos las maletas aparecen esos kilos de más y esa grasa que también ha vuelto a casa.
¿Cómo ha podido pasar? Al principio del verano hicimos la “Operación Bikini” y ahora estamos igual o peor que antes.
Tenemos la sensación que nos hemos movido más, hemos comido menos, andar bastante, dormir lo justo y dicen que la falta de estrés y el descanso adelgaza.
Nada más erróneo, analicemos que pasa en verano con tanto tiempo libre:
Nos levantamos tarde porque el calor nocturno no nos ha dejado dormir, el desayuno en la terraza se prolonga más de lo necesario en medio de la bollería artesana hecha en el pueblo, además del zumo de fruta, pan con jamón, etc. «Azúcares que no vamos a gastar».
Un rato de playa sienta bien, pero tumbados en la arena, de andar nada. El tiempo pasa volando y el chiringuito de la esquina está esperando para tomar el aperitivo con los vecinos del piso de arriba. Decimos que es para abrir el apetito pero la mayoría de las veces se convierte en una comida de verano.
Llegamos tarde a casa acalorados y hambrientos la cerveza con copa glaseada nos espera en la nevera.
La comida suele ser rápida por tanto llevará muchos Hidratos y azúcares que unidos a la cerveza o la sangría son, seguro, «un sendero para la grasa».
Después de comer nos sentimos cansados, hace mucho calor, un rato de siesta es lo adecuado. Ese rato se convierte en dos horas, nos levantamos con la boca seca, apetece tomar una o dos piezas de fruta, otra ración de azúcar que «no vamos a gastar haciendo ejercicio».
Al caer la tarde salimos a pasear tranquilamente por el paseo marítimo o de compras por la cantidad de tenderetes que hay en los pueblos costeros. Y ya estamos pensando en reservar un restaurante para cenar con los amigos al anochecer cerca del mar. De paso programamos la barbacoa del día siguiente.
La cosa como vemos no pinta nada bien para nuestra silueta.
La noche termina con los cócteles de turno, uno o dos, que como decimos sirven para digerir la cena.
Inventario vacacional: Hemos dormido mucho, andar poco, comer demasiado y beber más que suficiente, a nuestro pobre cuerpo no le da tiempo de gastar tantos excedentes y se los lleva a casa.
Si veraneamos en la montaña o en el pueblo de nuestros antepasados la cosa no mejora sustancialmente.
Posiblemente la montaña invite a andar un poco más pero entre cenas en las calles con todos los vecinos, barbacoas con amigos y conocidos, reuniones de familia y todas las excusas posibles para estar alrededor de una mesa obsequiando al cuerpo con chuletones, panceta, butifarra, cordero, churrasco, embutidos, etc. y todo ello regado con toda clase de bebidas alcohólicas, no compensan demasiado las posibles caminatas.
Todos ellos son ingredientes suficientes que protegen y aumentan la grasa del cuerpo.
Cuando llegamos a casa y estamos delante de la báscula ¿Qué HACEMOS?
¿Hacer dieta? ¡¡¡NO!!! No serviría de nada.
La aventura de adelgazar es mucho más compleja. Tiene mucho que ver con nuestras ansiedades y emociones no resueltas que vuelven a casa después de las vacaciones envueltas entre los kilos, calorías y grasa.
Hay que conectar con la inteligencia de nuestro estómago que es el que nos dará las pautas de cuando y como debemos comer.
La comida sirve para estar cerca de los amigos y compartir su compañía no para llenar vacíos emocionales que no sabemos o no queremos resolver.
Os dejo con estas reflexiones. En breve ampliaremos con otro artículo cómo perder peso de forma saludable y sin hacer dieta.

